“Brisa de otoño”

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La ilusión y el impulso son como largarse a correr una maratón después de pasar meses encerrado en un cuarto oscuro: la vista se nubla, la intensidad agobia, el corazón se agita, y el viento congela las lágrimas.

Te falta el aire y la voluntad flaquea, pero sabés que en algún lugar, aunque no la veas aun, está la meta: todo aquello a lo que te cerraste, todo lo que en el fondo siempre deseaste, todo ese ardor que nada más te hizo sentir.

Darlo todo nunca fue tu punto fuerte… pero da el primer paso, y la brisa de otoño y el sol de primavera te van a ver crecer como nunca antes.

Cada día es un día menos.

Punto de partida

DSC06522Cuando te vas, tu vida cambia. Todos lo sabemos, todos confiamos en que va a ser así; y en el proceso, en el descubrir, el avanzar, el crecer, puede pasar que nos olvidamos de lo que pasa con el mundo que dejamos atrás. Ese mundo, con vos y sin vos, también cambia, también avanza a su propio ritmo y a pesar de todo.
Volver es difícil, porque lo que en realidad ocurre va más allá de si volvés mentalmente sobre tus pasos, de si te invade el recuerdo, de si caés en las rudas comparaciones entre un país y el otro; volver no es aterrizar en tu antigua vida, no es un sencillo volver sobre tus pasos, trasladar tu peón al punto de partida. El punto de partida ya no existe, y es ingenuo pretender que está ahí, en algún lado, escondido detrás de tu nostalgia, opacado por lo que viviste y lo que querés seguir viviendo. Lo que concebís como ese momento al que creíste poder regresar es como un pequeño curso de agua: inofensivo cuando corre tranquilo, traicionero cuando se congela y parece quedarse quieto en su lugar. Quedate parada un segundo de más, y te tira al piso como si de arenas movedizas se tratara…

The show must go on.

Ets un poema

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Buscarle palabras a los sentidos sin nombre. No quedarse con lo básico, con las limitaciones de un idioma – o de dos – o de tres – o de todos; dejar que el lenguaje haga su magia, y defina el mundo.

Mientras tanto, la distancia no es relativa, y el tiempo vuelve a existir…

Deshacerse de todo

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Deshacerse de objetos es aceptar que los recuerdos no viven en ellos, sino en uno mismo. Después de todo, lo que sobrevive en nosotros es lo que importa, y tanto lo modifica el tiempo, que es inútil intentar conservarlo en un solo objeto imperecedero.

Deshacerse no es negar, es continuar. Deshacerse no es olvidar, es reconstruir. Y no es simplemente decir adiós: es liberarse de carga para seguir volando… para seguir creciendo.

Impaciencia

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Luego de una eternidad, el viento de medianoche pasa a ser el de las tres de la mañana, de las siete de la mañana. Los árboles se impacientan, estirando sus brazos hacia el océano como intentando cruzarlo, y los pájaros han cambiado el idioma de sus melodías y sus pensamientos; se comunican entre ellos, pero también entre especies, con las plantas, con las bicicletas aparcadas, con los rayos de luna y de sol. Es el viento de las tres y las siete de la mañana, que nos permite escucharlos a pesar de la distancia…

Será que la vida, en efecto, está para hacer locuras. Si no, ¿qué gracia tiene? Si no, qué haríamos con tanto tiempo vacío en las manos…

Si el ‘yo’ puede identificarse por la instancia del discurso que lo contiene, el ‘yo’ del intérprete se refiere, paradójicamente, a la persona que enuncia este segmento de discurso que contiene el ‘yo’, pero que no soy yo.

Re-comenzar

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Acabo de terminar un intercambio en Japón, que duró casi 12 meses; pero antes de volver a casa, en Buenos Aires, aproveché una escala y me quedé por 14 días en Alemania.

Mientras estaba en Europa me pasó algo raro, que no esperaba: cada vez que me preguntaban de dónde venía, o qué hacía de mi vida, me quedaba como perdida, no sabía muy bien qué responder.

“Bueno… soy de Argentina, pero vengo de Japón, estuve viviendo un tiempo ahí. Un año. Estaba estudiando… y ahora tengo que volver a Buenos Aires”.

La gente te mira, y no sabés si diste muy poca información, o demasiada.
No sabés ya, muy bien, de dónde venís, porque una cosa es dónde naciste y otra cosa es dónde estás habituada a vivir; no sabés ya, muy bien, para dónde vas, porque todos tus planes a futuro son en diferentes países, y estás volviendo a tu casa sin nada claro, y, en el fondo, sin saber bien por qué.

Y de repente entendés esa frase tan cliché que reza: “Home is where the heart is”…